El terrorismo de Estado tras el golpe de 1976 se extendió a lo largo y a lo ancho de nuestro país. Ni La Pampa, ni Rancul, fueron la excepción.

La historia de la familia de Rafael «Mecho» Guardia (secuestrado en Rancul en febrero del ´77) ayer se reflejó en el acto provincial del Día de la Memoria por la Verdad y la Justicia, a través de uno de sus hijos, Omar Guardia: “Nosotros estábamos presentes cuando se lo llevaron”, contó.

Tras ese hecho, él y sus cuatro hermanos quedaron bajo la tutela del Poder Ejecutivo Nacional y fueron trasladados a un hogar en Guatraché: «Fuimos prisioneros siendo niños. No teníamos las libertades que tiene cualquier chico», recordó. Allí permanecieron hasta el retorno de la democracia en 1983.

Omar Guardia, hijo de Rafael Guardia, detenido en Rancul en 1977 durante el Terrorismo de Estado – Foto APN

Hijo de un preso político de la dictadura, Omar relató con mucha angustia lo que ocurrió con él y con sus hermanos en el momento de la detención de su padre, en febrero de 1977 en Rancul.

Durante su testimonio y al recordar lo que vivieron de pequeños tras la detención de Rafael Guardia, también puso de manifiesto lo que ocurrió con las infancias durante la época más oscura de la historia argentina.

Aquellos niños, de entre 2 y 9 años, fueron arrancados de su casa en Rancul y confinados durante seis años en un «mini hogar» de Guatraché, donde vivieron como prisioneros, sometidos a maltratos y castigos

Omar Guardia habló como hijo de Rafael, conocido en Rancul como «Mecho» Guardia, quién fue secuestrado y torturado por la Subzona 14:

* «Levanto la bandera de la verdad y la justicia. Soy hijo de Rafael, ex preso político, secuestrado, torturado y desaparecido, que hoy está presente».

* «A mi padre se lo llevaron en febrero de 1977 de su humilde rancho en Rancul. Nosotros estábamos allí cuando se lo llevaron. Desde ese momento quedamos bajo la tutela del Poder Ejecutivo Nacional».

* «Nos trasladaron a Guatraché, a un «mini hogar» a cargo de una familia de origen alemán. Allí permanecimos durante seis años»

* «Fuimos prisioneros siendo niños. No teníamos las libertades que tiene cualquier chico. Solo podíamos salir para ir a la escuela y a la iglesia, y siempre como una obligación».

* «Vivimos como esclavos. La limpieza y el mantenimiento del lugar estaban a nuestro cargo. Cada uno tenía tareas asignadas, sin importar la edad».

* «También sufrimos torturas y maltratos. Había golpes con rebenque, golpes con cinturón. Las penitencias eran crueles: nos obligaban a arrodillarnos sobre granos de maíz con las manos en alto, nos encerraban bajo llave durante horas o nos dejaban mojados bajo la ducha».

* «Por las noches, las puertas de las habitaciones quedaban cerradas con llave. Muchas veces teníamos miedo de morir. Si llorábamos, nos hacían el «submarino»: nos metían la cabeza en las piletas del lavadero llenas de agua».

* «Además del castigo físico, sufrimos violencia verbal y psicológica por ser hijos de un preso político y por el abandono de nuestra madre».

* «Nos arrancaron de nuestro lugar. No quedaron registros. Durante esos años borraron todos los paraderos. Todo esto nos pasó cuando éramos apenas niños. Yo tenía dos años cuando nos llevaron a Guatraché. Mis hermanos tenían 5, 6, 7 y 9 años».

* «Ese infierno duró seis años. Nunca contamos lo que nos pasaba, por miedo. Con el tiempo fuimos reconocidos por la ley como ex presos y desaparecidos. Hoy, a pesar del dolor y del sufrimiento, podemos contar nuestra historia. Muchos niños y adolescentes que vivieron situaciones similares no pueden hacerlo».

* «Por eso hablamos. Somos la voz de los inocentes de aquel genocidio. Hubo un plan para «matar el mal de raíz», y así lo hicieron: destruyeron familias enteras. Pero el pueblo defendía la democracia. Tenía voz, tenía voto y tenía convicciones. Y por eso quisieron silenciarlo».

* «Hoy, a más de cuatro décadas de la recuperación democrática, seguimos sosteniendo las mismas banderas: Memoria, para no olvidar. Verdad, para conocer lo que ocurrió. Justicia, para que los genocidas sigan presos. Que nuestra voz sea el eco de muchas otras que aún faltan. Nunca más otro 76».

Fuente: El Diario